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miércoles, 3 de octubre de 2012

¿A vos que te hace feliz?


Estamos ante un cambio de paradigmas

¿Y a vos, qué te hace feliz? Cada vez con más frecuencia se escuchan en los pasillos de las empresas y los ambientes de escuelas de negocios ciertas preguntas bien complejas para responder: ¿Para qué trabajás? ¿Sos feliz en tu trabajo? ¿Si tuvieras que elegir un trabajo, optarías por el que estás realizando hoy? El trabajo es, en nuestros días, no sólo un espacio de realización personal y fuente de sustento económico, sino un elemento clave de posicionamiento social. En numerosos contextos, la primera pregunta que nos hacen es: ¿Y vos a qué te dedicás?
Sin embargo, no debemos olvidarnos de que cada uno de nosotros trabaja por diferentes motivaciones, que -más allá de los autores de referencia-, podríamos sintetizar en las cuatro "p" de la motivación: plata, placer, poder y prestigio. Algunos lo hacen por alguna de ellas, otros por más de una, pero -casi con seguridad- siempre una de ellas está presente. Y cada uno de nosotros es bien diferente, no hay una respuesta correcta y otra equivocada.
El interrogante que debemos hacernos, por lo tanto, es: ¿Por cuál de las "p" trabajamos? ¿Qué es lo que nos hace levantarnos cada día y decidir ir a trabajar? ¿Estás siendo coherente entre tus deseos y tu realidad cotidiana? ¿Qué representa "tu" trabajo para vos hoy en día? ¿Con cuánto orgullo contás de qué trabajás, dónde lo hacés y a qué te dedicás?
A su vez, desde las empresas se observa que, más allá de los programas de fidelización y encantamiento, e independientemente de sus compensaciones y beneficios, algunos de los talentos sobre los cuales hay grandes expectativas de crecimiento y desarrollo (denominados altos potenciales) terminan dejando sus carreras ejecutivas -teóricamente exitosas- para dedicarse a otros emprendimientos, muy lejanos a la vida corporativa, fenómeno social denominado Executive Dropout . Y la expresión más escuchada en estos casos es: ¡No podía más! ¡Estaba quemado ! Necesitaba dar un giro de 180° a mi vida. Muchas veces saturados por la cantidad o calidad de trabajo, por los excesivos viajes, por la no disponibilidad para trasladarse al exterior, por algún llamado de atención de la salud -propia o de otros- o por no visualizar un futuro promisorio a la edad jubilatoria optan por dedicarse a proyectos personales alternativos, que requieren menos sacrificios y le brindan un nivel de vida más austero, pero los acerca a su estándar de felicidad y a su "p" de placer, que para muchos vale más que la plata, el poder o el prestigio.
Estamos ante un cambio de paradigma y cada uno se reformula su propia definición de felicidad. De lo único que hay certeza es que no hay una sola respuesta. Todas son respetables. Desde las organizaciones se deberán agudizar los mecanismos de monitoreo de los niveles reales de satisfacción y generar las acciones correctivas correspondientes, no desde una visión mecanicista, sino considerando la multidimensionalidad humana. Si hay algo que nunca podemos olvidar es que se trata de impulsar mejores personas -y más felices- para que puedan generar mejores resultados y mejores empresas..

Por Alejandro Melamed | Para LA NACION

sábado, 22 de septiembre de 2012

Gerente de mi propio futuro


"Cinco años más y me retiro", es la fantasía que cada vez más jóvenes profesionales hacen realidad, aunque el futuro económico no esté asegurado
Toda su vida estaba encaminada a seguir una carrera profesional. Y a los 30 años, Ana Gorsd ya había obtenido varios logros en ese aspecto: había estudiado Derecho en la UBA, se había capacitado en el exterior, trabajaba como abogada en una multinacional y hasta había concluido un MBA en el Instituto Argentino de la Empresa. Y para su edad, había alcanzado una situación económica muy satisfactoria. Según sus palabras, había comprado ese paquete de felicidad que te venden hoy.
Pero al terminar el MBA, llegó lo que ella denomina una revolución interna. Una intuición que le indicaba que no quería seguir esta carrera por lo material. Que su felicidad no aumentaba al mismo ritmo. "Me di cuenta de que quería ser gerente de mi propia vida y no de una empresa", cuenta. Dejar la empresa fue una decisión que le requirió mucho valor. Para ella significó darse un tiempo para permitirse no saber. Y ese tiempo de no saber no sólo le permitió conocer la logosofía, donde ella encontró su camino espiritual, sino que también coincidió con que una amiga de la maestría también se quería ir de la empresa donde trabajaba, y juntas decidieron abrir un local de decoración. Hoy es consciente de que rompió un paradigma, que en ese retiro del mundo empresarial reencauzó su vida para tomar un ritmo propio. Y asegura que esos tres años y medio después de haber tomado esa decisión han sido muy felices.
Y en esa misma línea está Francisco Díaz, su novio, que desde los 22 años trabaja como ingeniero en distintas corporaciones. "Mi objetivo es en los próximos seis o siete años, alrededor de los 40, retirarme o dedicarme a algo más light, más simple, que me permita estar más con mi familia o hacer otras cosas que me gustaría", cuenta. Hay quienes ya lo hicieron, hay quienes lo tienen planeado. Pero cada vez son más los argentinos de mediana edad que, sin estar "salvados" económicamente, sueñan con retirarse antes, mucho antes de la edad jubilatoria, o por lo menos cambiar por una actividad que les demande menos estrés y en la que ganen en un aspecto que, tal vez, sea el valor más preciado de este siglo: la calidad de vida.
Cuando se refiere a un auténtico retiro voluntario del mundo empresarial, este fenómeno tiene una denominación: " executive dropout ", algo así como abandono ejecutivo. En su libro Empresas + Humanas , el doctor en ciencias económicas Alejandro Melamed lo define así: "Es tal vez uno de los fenómenos más observados actualmente. Se da cuando ciertos ejecutivos toman la decisión de dejar de trabajar e irse a hacer tareas para las cuales están sobrecalificados. Prefieren estar muchísimo más tranquilos para dedicarse a distintas actividades muy lejanas a lo que es la cultura tradicional y la velocidad corporativa, lo que les brinda mucha paz emocional y un ritmo mucho más desacelerado".